Ronda los 40 años. Cabellos largos negros, sonrisa amplia, piel canela clara,
no era guapa pero algo en ella la hacía linda.
Vestía botas negras, pantalones jeans azules, camisa blanca, chompa negra.
Nos sentamos con otros a conversar de la lucha, el compromiso, los compañeros
caídos. Yo acababa de conocerla y ella ya me abrazaba, me acariciaba el cabello,
me llenaba de besos y me decía "mi canelita linda", "peruanita preciosa". Creo
ser una persona muy cariñosa, pero tantas caricias de una "desconocida" me
resultaron extrañas e incómodas, pero no podía demostrarlo si quería pasar
la prueba q estaba sutilmente enfrentando entonces.
Creo que se dio cuenta porque entonces me dijo.
-"no te sientas incómoda mi canelita, te voy a contar por
qué soy así de besucona y cariñosa".
A los 14 años había sido detenida política junto a su madre, una militante
comunista chilena, pobre, muy pobre. Su hermano fue desaparecido y ella y
su madre fueron torturadas, golpeadas, escupidas, maltratadas, insultadas,
casi ultrajadas, se les negó la comida, el agua, se les quizo negar la vida.
Por último, tras romperle varias costillas a patadas y cuando su cuerpo
de adolescente parecía que no resistiría más, le vendaron los ojos muy fuerte y
la dejaron en una celda oscura absolutamente x semanas. Cuando por fin le
quitaron las vendas fue frente a una luz muy poderosa. Quedó con ceguera
intermedia, cuando estás a más de un metro no te logra reconocer los rasgos.
-"Los pacos y los milicos estaban llenos de odio, me quisieron llenar de odio. Yo
me prometí que no me llenaría de odio, que no les daría el gusto. Yo opté por
oponérmeles dejando salir todo mi amor".
Yo que siempre miré -aún lo hago la verdad- a los milicos desafiante y llena de
rabia, estaba sentada frente a una compañera que había sufrido en sus manos
y aún así no era capaz de pronunciar una sola palabra con rencor.
Aún me llueven los ojos al recordar aquella historia, aquella mujer de la que en
pocas horas aprendí el don del amor, la fuerza de las caricias para luchar
contra los opresores. Y cuando alguien cuestiona mi relación con los compañeros
y las compañeras, mezcla de disciplina y maternidad, cuento una y otra vez la
historia de esta compañera, a la que le debo tanto por regalarme una lección, una
sonrisa y tanto afecto hasta el último día que nos vimos, poco antes de mi retorno.
Estos son días de justicia, memoria y reconciliación. Así que su recuerdo vuelve
a mí. Su ejemplo combatiente lleno de amor y de firmeza.
Violeta
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Estas lineas las escribió la CC Violeta, desde el norte. Cada día de lucha
me hacen más sentido estas palabras, no podía hacer otra cosa q
compartirlas con ustedes.
me hacen más sentido estas palabras, no podía hacer otra cosa q
compartirlas con ustedes.

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